Etilfenidato, el hemano gemelo del Rubifen con múltiples aplicaciones y además de esto es legal.

La existencia de la droga que nos ocupa es una clara prueba de que una substancia activa puede tener indicaciones médicas, mas asimismo usarse con propósitos lúdicos, aparte de como potenciador del desempeño intelectual, lo que acostumbra a llamarse “droga inteligente”, traducción de la expresión inglesa smart drug, que hace referencia a cualquier compuesto que puede acrecentar de una forma o bien otra las capacidades cerebrales, lo que mejora por su parte ese término (que no existe como entidad física) al que llamamos “inteligencia”, y con esto deja rendir más en labores cognitivas como estudiar, redactar o bien traducir; tal y como hace el creador de estas líneas, que en verdad fue el vanguardista de estas substancias en este país y el primero –y quizás único– en redactar sobre ellas, ya antes de pasarse al campo de las drogas psicoactivas, de lo que hay información al final del artículo.

El hecho de que haya etilfenidato en el mercado asimismo prueba la sencillez de crear nuevas substancias psicoactivas para un químico con determinada experiencia. El metilfenidato es el principio activo del Rubifen®, el fármaco que los siquiatras acostumbran a recetar a los pequeños con TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad). Puesto que bien, el etilfenidato, objeto de este artículo, es un metilfenidato al que se le ha quitado el conjunto metilo y se le ha sustituido por un conjunto etilo (de ahí la pequeña diferencia en sus nombres); todo lo demás continúa igual. Es el éster etílico del ácido dos-fenil-dos-(dos-pipediridil), al tiempo que el metilfenidato es el éster metílico. Como era de aguardar, sus efectos son afines a los de su renombrado familiar, con una duración sutilmente inferior. Es tan próximo químicamente a él que el propio organismo puede generar etilfenidato desde la ingestión simultánea de metilfenidato y alcohol, de igual manera que la toma de coca y alcohol produce en el cuerpo el compuesto cocaetileno.

El metilfenidato es un compuesto de la familia de las piperidinas que se sintetizó por vez primera en mil novecientos cuarenta y cuatro, en pleno intento por lograr un estimulante con menos efectos secundarios que las anfetaminas, extensamente empleadas en la Segunda Guerra Mundial por la parte de los ejércitos contricantes. Fue patentado en mil novecientos cincuenta y cuatro, y la compañía farmacéutica CIBA lo lanzó al mercado en mil novecientos cincuenta y cinco con el nombre de marca de Ritalin®. Enseguida se publicaron los primeros informes sobre su utilidad para tratar la narcolepsia, la fatiga crónica y los estados depresivos. A principios de los sesenta empezó a usarse para tratar a pequeños con TDAH, y desde ese momento no ha dejado de recetarse para este trastorno hasta llegar a nuestros días, en que cuenta con unas ventas millonarias en el mundo entero.

Así, a un autor de RCs (research chemicals, substancias químicas de reciente creación y en fase de prueba) de quien se ignora la identidad, se le ocurrió substituir en la fórmula química un conjunto metilo por un conjunto etilo, en pos de un compuesto afín, puesto que había –y hay– en el mercado de las substancias lúdicas una enorme demanda de metilfenidato, un medicamento que solo se dispensa con receta médica y también imposible de lograr sin ella, a no ser en el mercado negro, proveniente de personas que lo consiguen en farmacias con recetas falsificadas; o de otras personas a las que se les receta, mas que prefieren venderlo en vez de tomarlo. De esta forma se consiguió la droga de la que tratamos en el presente artículo, cuyo “lanzamiento” tuvo sitio a fines del año dos mil diez, con lo que a data de el día de hoy existe desde hace poco más de 4 años.

El etilfenidato, nombre abreviado del etil dos-fenil-dos-piperidin-dos-il acetato, es hoy en día entre los estimulantes legales más populares, sobre todo entre los drogófilos que desean algo que les dé energía, bien sea con propósitos lúdicos, para estudiar o bien para trabajar. Siendo un equivalente del tan conocido metilfenidato (Rubifen®), sus propiedades son muy similares. Por esta razón mismo podemos asimismo inferir que los posibles efectos secundarios son exactamente los mismos que los del metilfenidato, aunque en este campo solo podemos hacer suposiciones, sin asegurar nada. Tratándose de un compuesto de reciente creación, hay pocas experiencias en un largo plazo y no se conocen los posibles efectos secundarios derivados de un consumo continuado. En consecuencia, hay que ser prudentes con su empleo, tanto en la dosis como en lo referente a la frecuencia de consumo.

El etilfenidato marcha como un inhibidor de la recaptación de la dopamina y de la noradrenalina, lo que quiere decir que aumenta el nivel de estos neurotransmisores en el cerebro al bloquear las proteínas transportadoras que en condiciones normales los suprimen del espacio intersináptico.

Tiene más afinidad por las proteínas transportadoras de dopamina, y menos por las de noradrenalina, que el metilfenidato, lo que sugiere que –al menos en teoría– produce más alegría, y menos ansiedad y efectos simpáticomiméticos (elevación del pulso y de la presión arterial) que la substancia hermana. Esto quiere decir que podría valer para reemplazar al popular medicamento para la hiperactividad, con menos efectos secundarios a nivel del sistema nervioso, y con el añadido de una mayor sensación de bienestar. Sin embargo, esto es solo teóricamente y no existen estudios que lo prueben, puesto que, como hemos comentado, se trata de una droga de reciente creación.

Todos y cada uno de los datos libres sobre su farmacocinética proceden de estudios efectuados en roedores. En lo que se refiere a los efectos en humanos –los que más interesan a los lectores–, solo podemos fundamentarnos en experiencias subjetivas y en la citada similitud con el metilfenidato. Conforme sus usuarios, el etilfenidato genera una elevación en el estado de alarma, más energía, una ligera alegría, poder de concentración, claridad mental, mayor capacidad de argumento, mejor percepción de los sonidos, incremento de la sociabilidad y elevación del deseo sexual.

El etilfenidato puede administrarse por las próximas vías: oral, intranasal, fumada, intravenosa y rectal. La intranasal es la más usual en el empleo lúdico, mas puede generar quemazón y hay relatos de usuarios que han llegado a tener inconvenientes en las fosas nasales por culpa de un consumo usual. Es posible fumarlo cuando se presenta en forma de base libre, mas no es una substancia que se deba tomar por esta vía, en tanto que puede crear problemas pulmonares. En lo que se refiere a la senda intravenosa, el lector va a poder imaginarse que es la que ofrece un rush más potente y marcado, mas asimismo la más peligrosa, no solo por los efectos secundarios de la substancia en sí, sino más bien por las impurezas que pueda contener.Los posibles efectos secundarios relacionados con su actividad simpática son –también en teoría– menores que los del metilfenidato. Se ha informado de dolor testicular, taquicardia, pérdida de hambre, vasoconstricción, ansiedad, inconvenientes respiratorios, complejidad para mear, ansiedad, paranoia, tensión muscular y dependencia a la substancia. Uno de sus inconvenientes es que se sintetiza en laboratorios sin ningún género de control, con lo que es puede contener impurezas capaces de ocasionar efectos secundarios impredecibles.

Como hemos citado, un inconveniente que acostumbran a contar los usuarios que se lo administran por vía intranasal es que escuece mucho y que, tras un empleo continuado, les genera sangrado. Tanto el metilfenidato como el etilfenidato (y por norma general todas y cada una de las substancias) ejercitan más de forma rápida sus efectos por esta vía, mas hay que tener en cuenta el inconveniente que mentamos, que podría llegar a horadar el tabique nasal y generar otras lesiones en ese órgano, tal como ocurre con ciertos usuarios frecuentes de coca. Es conveniente lavarse las fosas nasales 15 minutos tras cada toma, para disminuir al mínimo el daño en determinada medida.

Las dosis medias para cada vía de administración que ofrecen sitios como Erowid.org o bien Drugs-forum.com son para su empleo lúdico, para el habitual usuario que quiere un efecto pronunciado a lo largo de unas pocas horas y que, redosificando o bien no, deja tras consumir la substancia. Esas páginas citan, por vía intranasal, entre diez y veinticinco miligramos como dosis umbral, entre veinticinco y cincuenta como dosis media, de cincuenta a setenta y cinco como dosis fuerte, y sobre esta cantidad como dosis realmente fuerte. Las dosis orales equivalentes son más o menos el doble que las intranasales.

Tema diferente es quien desee utilizar el etilfenidato tal y como si fuera una droga inteligente, para estar lúcido todo el día, y que precisamente por eso desee tomarlo de forma continua. En un caso así bastaría con una dosis oral de entre dos y cinco miligramos, repetida cada 4 horas. Es la manera de consumo que usa quien esto suscribe (en rotación con otros compuestos), y le resulta realmente útil para las labores intelectuales rutinarias. Esta pauta no produce prácticamente ningún género de “bajonazo”, y sus efectos se restringen a desvanecerse de forma lenta entre 3 y 4 horas tras su última administración.

Asimismo se puede insuflar para lograr este efecto tipo “droga inteligente”. La vía intranasal hace efecto considerablemente más de manera rápida, mas tiende a producir más ansiedad. La acción dura menos tiempo y desaparece más de forma rápida, con lo que en un caso así sí se aprecia el habitual bajonazo propio del fin de los efectos de las drogas estimulantes, que induce a redosificar continuamente, con el consecuente incremento de la tolerancia y una mayor probabilidad de dependencia.

Tras probar con él a lo largo de múltiples meses y haciendo un ejercicio de sinceridad, puedo entregar fe de que, tras múltiples semanas de consumo diario con dosis orales bajas, debe aparecer algún género de sensibilización neuronal que se traduce en que, al desvanecerse la última dosis del día, se experimenta entre media y una hora de ligero bajonazo, que en su mayoría tiene un componente psíquico –no físico–, con pensamientos negativos y en ocasiones depresivos. Tras transcurrir el tiempo indicado se vuelve a la normalidad sin precisar tomar nada; sin embargo, queda el lector sobre aviso de este fenómeno, que hemos leído asimismo en foros de discusión llenos de usuarios especialistas como Bluelight.ru y Drugs-forum.com. Quien sea en especial sensible puede atenuarlo con la administración anterior de algún tranquilizante suave (no damos nombres de marca ni aconsejamos ningún medicamento específico, como es frecuente), o bien no tan suave, mas en dosis bajas, que de paso servirá de preparación para la hora de irse a la cama.

Es de simple adquisición, en tanto que lo tienen en su catálogo numerosas tiendas de Internet que venden substancias legales, la mayor parte de ellas establecidas en G. Bretaña. No haremos propaganda de ninguna, mas al lector le va a bastar con buscar “buy ethylphenidate” en Google para conseguir un extenso listado de ellas. Acostumbra a venderse en 2 presentaciones: en forma de enanos cristales y como polvo de color blanco. Para el consumo oral las 2 son equivalentes, mas para administración intranasal es preferible en polvo, puesto que los cristales pueden dañar todavía más las fosas nasales.

En lo relativo a su situación legal, el etilfenidato no está bajo control internacionalmente (solo es ilegal en Suecia desde el año dos mil doce), aunque en los E.U. se considera equivalente al metilfenidato por la ley de equivalentes, y por lo tanto solo se dispensa con receta médica y su empleo es ilegal en el caso de no ser precripto por un médico.

Existe la Cocaína Infantil! es legal, más potente que la que se vende en la calle, y no la reparte ningún un camello en la puerta de los colegios…

España es el segundo país que más medicamentos consume del mundo por detrás de Estados Unidos. En la actualidad a nivel mundial hay al menos dos niños en cada clase que toman medicación, un 4 por ciento de los adolescentes de EE.UU. consumen antidepresivos y uno de cada cinco adultos consume fármacos psiquiátricos. Y continúan las cifras alarmantes: los diagnósticos de autismo, TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad) y TBI (Trastorno Bipolar Infantil) se han multiplicado en las últimas décadas.

El TDAH afecta a entre un 6 y un 10 por ciento de la población infantil a nivel mundial y es considerado como la primera causa de fracaso escolar del siglo XXI. El doctor Allen Frances, catedrático emérito de la Universidad de Durham, denuncia en un artículo del Huffington Post, que “el índice de TDAH se ha triplicado en tan sólo 20 años” y advierte de que estamos convirtiendo a nuestros hijos en adictos a las pastillas.

Según un estudio del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (Center for Disease Control and Prevention, CDC por sus siglas en inglés), cerca de 10.000 niños de entre 2 y 3 años de edad están siendo medicados con psicoestimulantes como el metilfenidato (MFD por sus siglas) — los fármacos Rubifen o Concerta que se comercializan en España — para tratar el TDAH.

Por otro lado, el Metilfenidato, que es un análogo de la anfetamina, está considerado oficialmente en España un medicamento psicotrópico, y en Alemania está sujeto a la Ley de Estupefacientes. La agencia federal estadounidense encargada del control de las sustancias estupefacientes (DEA) lo define como “una sustancia con un alto potencial para el abuso que produce muchos de los mismos efectos que la cocaína o las anfetaminas”. Afirma además que el abuso de esta sustancia ha sido documentado entre adictos a los narcóticos, quienes disuelven las tabletas en agua y se inyectan la mezcla.

Teniendo en cuenta que “el MFD no debe administrarse a niños menores de 6 años, debido a que hasta la fecha no se ha demostrado la seguridad ni los efectos beneficiosos del medicamento en este grupo de edad” (como informa el propio prospecto del fármaco Rubifen), no es sorprendente que muchos medios se hayan hecho eco de ello, denunciando la medicación de menores de 3 años con psicoestimulantes.

Esta supuesta conducta irregular ha sido denunciada también por varios expertos, entre ellos, el Dr. Lawrence H. Diller, especializado en Terapia de la Conducta Infantil en Walnut Creek, California, quien dijo en una reciente entrevista en el New York Times que “esta práctica está fuera de la ley de atención sanitaria y la conducta de quienes prescriben a niños de 2 años debería ser considerada como negligente si algo va mal con un niño.” De hecho, las directrices de la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) no incluyen ni consideran la medicación con metilfenidato a menores de 4 años, debido a que la hiperactividad y la impulsividad se consideran apropiadas para el desarrollo de los niños pequeños, según afirman varios expertos, y se necesita más tiempo para comprobar si se trata de un trastorno real.

Según el Dr. Héctor González Pardo, co-autor de Volviendo a la normalidad: la invención del TDAH y del Trastorno Bipolar Infantil (Alianza Editorial) , “los diagnósticos del TDAH y el TBI son meras descripciones por parte de los adultos de las conductas problemáticas en algunos niños, que ni siquiera alcanzan el estatus de enfermedad o trastorno mental”.

El metilfenidato es el psicotrópico bajo fiscalización internacional con mayor distribución en el circuito legal. Los ingresos derivados del mercado de drogas para el TDAH –incluyendo al MFD y sus competidoras- alcanzan solo en EE.UU valores superiores a los 3.100 millones de dólares según datos de la consultora IMS Health.

Aun teniendo en cuenta los efectos adversos del metilfenidato, sobre todo en edades infantiles, de los cuales se advierte en su propio prospecto,España es uno de los países, junto con EE.UU, en los que es más común el diagnóstico, y donde se continúa usando este fármaco como solución efectiva para el TDAH. A pesar de la existencia de estudios que evidencian los beneficios del MFD, ninguno de ellos ha investigado aún los verdaderos efectos a largo plazo.

La psiquiatra infantil del Cambridge Health Alliance y profesora asociada en Harvard Medical School, Nancy Rappaport, por su parte, defiende que se puedan utilizar medicamentos juiciosamente para ayudar a combatir los síntomas del TDAH cuando la enfermedad biológica esté realmente presente. Sin embargo, afirma que “el verdadero y correcto diagnóstico de TDAH no puede diferenciarse de otros problemas en edades tan tempranas” y añade que, aunque nos debemos a nuestros hijos para hacer todo lo necesario a fin de fomentar su desarrollo, eso no siempre implica recetar una pastilla”.

El Dr. González, por su parte, recomienda abordar estos problemas de conducta desde un punto de vista más amplio, teniendo en cuenta factores psicosociales y médicos reales que puedan explicar estas conductas. La solución a estos problemas de conducta no es fácil, añade, pero desde luego hay diversas formas de entender estos problemas de conductas que no se basen en asumir un diagnóstico falaz como TDAH y esperar que una medicación “específica” nos ayude a solucionar el problema.

Otros especialistas sugieren que nos estamos encontrando actualmente con niños que ya no responden a los mismos parámetros que tanto a nivel familiar, social como educativo servían hasta no hace tanto, y que simplemente están reclamando mayor atención, ser escuchados y tenidos en cuenta, posiblemente desde nuevas pautas educativas. El psicólogo Marino Pérez, autor de Volviendo a la normalidad (Alianza Editorial), defendía en una reciente entrevista en Público que ciertos comportamientos problemáticos, aunque propios de los niños, como el nerviosismo o los cambios de humor se han convertido en diagnósticos formales con el propósito de comercializar una medicación, y que esta problemática tiene que ver con el funcionamiento de nuestra sociedad. “Los padres tienen menos tiempo y menos espacio físico de esparcimiento, menos ocasión de educar” afirmaba, todo ello en una sociedad que nos estimula constantemente a que estemos entretenidos y a que nuestros actos tengan un resultado inmediato. Según Pérez, “hay unas condiciones de vida social que propician una serie de problemas que la propia sociedad no tolera.”

Si este fuera el caso, probablemente estos niños necesitarían que no se anularan sus medios de comunicación y de expresión con medicamentos psicotrópicos que, en realidad, lo que hacen es solapar la causa de tales comportamientos sin tener en cuenta si quiera los graves efectos que les puede ocasionar a la larga.

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