Hackeando el cerebro con neuroquímicos sintéticos

La era del neurohacking está aquí. Pastillas para mejorar el rendimiento, la memoria, sincronizar los hemisferios cerebrales, mantenerse alerta o hasta para tener sueños lúcidos. Pijama Surf investiga el mundo de las drogas inteligentes, sus beneficios, consecuencias y la sociedad que las consume.

“Me tomé un cóctel de nootrópicos con tres huevos y un vaso de jugo de naranja, me acosté para tomar una siesta. 45 minutos después me desperté, me puse de pie y me senté en mi escritorio a trabajar, claro como una campana. Beethoven en el fondo y luego Mozart y yo era como uno de esos genios matemáticos de la música. Solo que mi partitura era mi Mac y estaba componiendo mi obra maestra. Cascadas de colores, diseños armónicos, mensajes subliminales, palabras luminosas, todo fluía y hacía click como nunca antes”.

Así describe un usuariosu experiencia con aniracetam, piracteam e hydergina, una serie de sustancias que parecen aumentar las capacidades cognitivas del cerebro humano. Suena bien, demasiado bien. Y no es el único, es fácil encontrar en Intenet miles de experiencias similares, acaso sin la euforia descriptiva. Y a diferencia de las drogas como la cocaína o el MDMA, estas sustancias no parecen tener efectos negativos significativos sobre la salud y , a diferencia del LSD o la mescalina, permiten funcionar en ámbitos sociales y laborales. Suena demasiado bien.

La lucidez en una pastilla.

Nuestra cultura mediatizada parece confiar inherentemente en que un agente externo es capaz de otorgarle el bienestar que por sus propios medios no puede alcanzar. Esto es característico de una sociedad consumista, que cree casi mágicamente en la ciencia y en la tecnología y que poco a poco introyecta en su psique el concepto, o meme, de que la felicidad, la belleza y ahora la inteligencia son algo que se puede adquirir con una tarjeta de crédito (y tal vez con un manual de uso). Suena falso, suena fácil, pero tal vez no esté lejos de la realidad.

La utilización de agentes externos o drogas para obtener cierto estado mental es algo recurrente y de todos sabido en la historia del hombre. Pero solo en los últimos tiempos esta idea se ha masificado, con el auge de los sintéticos, llegando al extremo donde incluso se medica a las mascotas deprimidas.

Una sociedad de pill poppers que parece transferir el control de su destino a una metapastilla. Quizá una de las últimas muestras relevantes en la cultura es la película Matrix, esa escena en la que el protagonista, Neo, se enfrenta a la disyuntiva de tomar una pastilla azul o una pastilla roja para definir si permanece en el mundo de la ilusión (la matrix) o decide despertar para atravesar el espejo y ver “qué tan hondo va el agujero del conejo”. Lo interesante de esto es que (además de que una pastilla parece servir como el cadenero del portal dimensional) en la película como en el nuevo paradigma, las drogas se vuelven software, un programa definido para realizar ciertas funciones. Como si no solo fueran una pastilla sino también un botón (de on) en nuestro cuerpo que activara un nuevo sistema operativo o desactivara otro.

La tentación es grande, más allá de ensoñaciones cósmicas: la posibilidad real de mejorar nuestro rendimiento de manera cualitativa y cuantitativa con la simple ingesta de una pastilla que no produce efectos nefastos. Cuya cruda, en muchos casos, es menor que la del café o el tabaco. ¿Quién no tomaría una pastilla como estas antes de un examen importante, una cita con un inversionista o hasta con una mujer, a quienes se quiere impresionar?

Esta es la pregunta que cada vez más está en la cabecera de millones de personas en el mundo. Los noótropicos o drogas inteligentes (brain enhancers, cogntive drugs) viven un auge en ciertos sectores de la sociedad y pronto podrían masificarse como las sustancias que aumentan el desempeño sexual o los productos de belleza. Tomando así una nueva dimensión neurocosmética y planteando nuevos paradigmas en los ámbitos intelectuales. Como el dopaje en el béisbol, la academia podría entrar a la era de los esteroides cerebrales. Y en muchos nichos esto ya es una realidad cotidiana.

En Silicon Valley, algo como la Florencia de los Médicis mas en el planeta digital, la automedicación de substancias que exaltan la proficiencia mental es un hábito común (iPhones, notebooks y modafinil). Michael Arrington, autor del popular lugar Techcrunch, escribió hace unos meses un artículo (How Many Silicon Valley Startup Executives Are Hopped Up On Provigil?) donde discurre en términos bastante positivos sobre el empleo del Provigil (nombre comercial en U.S.A. del modafinil) entre los ejecutivos de la meca tecnológica. Exactamente el mismo ejército de USA dio a conocer que probaba el modafinil con pilotos de la Fuerza Aérea, algo que , como descubrió The Guardian, ya hacían los soldados británicos. La gaceta Wired publicó una carta en la que un empleado de una compañía de tecnología solicitaba consejo sobre una especial disyuntiva: acusar a uno de sus compañeros que tomaba modafinil con su jefe o bien comenzar a tomarlo asimismo. Puesto que según parece el desempeño de su colega era un tanto superlativo y su jefe lo presionaba a fin de que asimismo entregase resultados sobresalientes. Un caso simbólico de lo que pasa en las compañías de alta competencia interna.

El modafinil, una substancia desarrollada para tratar la narcolepsia, es, indudablemente, la droga de preferencia en estos instantes entre quienes procuran ser más productivos, superando al Adderall y a la Ritalina, algo como la hot new pill que promete geniales resultados sin los efectos secundarios de las anfetaminas. No obstante estudios recientes revelan que el zeppelin contenta de su benevolencia podría estar por desinflarse, al encontrársele adictiva y probablemente tener efectos en la capacidad natural de generar dopamina del cerebero.

La gaceta New Yorker pública en su última edición un artículo (Brain Gain), donde se hace una investigación bastante completa con distinguidos usuarios de substancias para acrecentar la performance del cerebro. Entre ellos, Paul Phillips, un triunfante programador vuelto estrella de póquer, (y después jugador profesional de Scrabble), quien narra su jugosa experiencia usando adderall y después modafinil para enfrentar largos campeonatos y favoreciere de el estado de alarma y aguda observación en el que le ponía la substancia (los esteroides cerebrales no son prohibidos en el póquer, comenta Phillips). No obstante, tras un tiempo, Phillips apreció que su cerebro se habituaba al medicamento y que tomar más no provocaba una diferencia. Al dejar el modafinil los síntomas de abstinencia se hicieron presentes. Bien difícil saber si Phillips hubiese sido capaz de lograr los cientos y cientos de miles y miles de dólares estadounidenses que ha ganado jugando póquer sin adderall y modafinil, mas no se arrepiente, aun habla de de qué manera los habría utilizado en su temporada universitaria para devorar libros y destacarse entre sus congéneres. Algo que, como exactamente el mismo artículo apunta, hacen muchos otros estudiantes de reputadas universidades.

Por otra parte, la definición de los nootrópicos es bastante turbia. Ciertos charlan de substancias que elevan el desempeño del cerebro sin tener efectos secundarios negativos concluyente. Esto dejaría fuera a las anfetaminas y sus derivados, la substancia, tras el café, más utilizada para progresar o bien revolucionar el desempeño mental en el pasado siglo. Entre los usuarios más reconocidos de las anfetas o bien speed, en el slang, están Elvis Presley, John F. Kennedy y Adolf Hitler. Y en un plano particularmente intelectual Jean Paul Sartre, W.H. Auden, Phillip K. Dick y Jack Kerouac, quienes en determinado instante sufrieron su adicción física y dependencia para redactar.

La anfetaminas preferidas de su tiempo eran la dexedrina y la benzedrina (tren en el que se afirma Kerouac escribió On the Road, prácticamente de una sentada, en un delirio que creó su renombrado estilo de la prosa espontánea sin correcciones). Hoy día, la ritalina (la llamada coca de los pequeños ) y el adderall dominan el mercado, preferidas particularmente de los estudiantes que procuran progresar su SAT y también ingresar a universidades del Ivy League y que se someten a sesiones maratónicas de estudio. Sus efectos secundarios y su capacitación de dependencia han sido comprobados.

Mas más que las anfetaminas e inclusive el modafinil, hay otras substancias de mayor auspicio, ciertas de mayor sutileza, sin resultados tan vehementes, mas quizá considerablemente más interesantes para lo que ciertos han llamado, emulando a Timothy Leary, el hackeo mental. Entre ellas están los racetams, los que, en contraste a las anfetaminas que actúan sobre la dopamina o bien los antidepresivos, asimismo utilizados en ciertos casos como brain enhancers, que actúan sobre la serotonina, los racetams tienen efecto sobre la modulación de los neurotransmisores acetilcolina y el glutamato. El racetam más conocido y responsable de alguna forma de acuñar el término “nootrópico” es el piracetam, comercializado como nootropil. El piracetam, en contraste al Modafinil, semeja tener efectos no solo y no tanto en la concentración (mindfulness) o bien en la memoria, sino más bien en el pensamiento abstracto y en el flujo lingüístico, ligándose más a un empleo creativo y hasta holístico (conforme ciertos los racetams sincronzian los hemisferios del cerebro). El aniracetam es otro racetam, de mayor potencia, que semeja ser el favorito entre los experimentados.

Otros nootrópicos populares son la hydergina, la colina y la galantamina. La hidergina fue desarrollada por el doctor Albert Hoffman, el autor del LSD, en los laboratorios de Sandoz, en Suiza. De la misma manera que el LSD, la hidergina procede del ergot y su nombre químico es Ergoloid mesylates. Se desarrolló, de la misma manera que otros nootrópicos, para tratar sufrimientos de demencia senil como el Alzheimer. Ciertos estudios muestran efectos prometedores en el proceso de anti-envejecimiento de las nueronas. En el país nipón, el nootrópico más popular es el nicergoline, el que parecer ser afín a la hydergina, mas con mayor potencia.

La colina (química) es el nootrópico de preferencia para tomar con otras substancias y acrecentar su efecto. Su venta no precisa de receta (se puede adquirir como Alpha GPS en cualquier tienda de vitaminas) en tanto que se le considera un complemento alimenticio. Estudios en ratas prueba resultados positivos en pruebas de memoria y en la capacidad de efectuar ciertas labores motrices, aun en generaciones siguientes.

La galantamina, asimismo desarrollada para el tratamaniento del Alzheimer y de extracción natural (Lycoris radiata), se ha vuelto popular particularmente como una substancia que deja rememorar mejor los sueños. Es normalmente la substancia activa en las populares pastillas para tener sueños lúcidos que se venden en Internet.

Quizá los nootrópicos que más prometen son los ampakines, el más nuevo y flamante conjunto de compuestos en la familia índigo de las drogas inteligentes. Se hallan apenas en estado de prueba y son sumamente bien difíciles de lograr (aparte de costosos). Los ampakines toman su nombre por su interacción con los receptores AMPA del glutamato, su activación de los receptores AMPA es considerablemente más fuerte que la de los racetams. Estudios científicos ofrecen resultados prometedores de sus beneficios mnemónicos y en el proceso de revertir el envejecimiento. Hoy día DARPA estudia sus beneficios en eficiencia militar. La farmacéutica Cortex se halla desarrollando ampakines, muchos de los que todavía tienen nombres como de galaxias o bien aeroplanos —CX-mil setecientos treinta y nueve, por poner un ejemplo. Los ampakines podrían ser la primera piedra en el camino al “resplandor de una psique eterna con recuerdos”.

Si bien los nootrópicos no han salido de una etapa beta y queda mucho por descubrir y revisar a nivel científico, el boom de las neurociencias —al igual que, en su campo de estudio, la biología en la última década del siglo pasado— se halla cerca de generar un mapa del cerebro, una suerte de neuroma humano, donde se vislumbra la exegesis del texto constitutivo del cerebro, lo que dejaría leer la psique y hasta grabar los sueños y explicar al fin el inescrutable misterio del pensamiento, el átomo de la inteligencia, lo que va de manera perfecta acompañado del desarrollo de nuevas substancias que no solo sean capaces de sanar enfermedades como el Parkinson, el Alzheimmer o bien el ADHD, sino más bien asimismo maximicen las capacidad del humano y conquisten su naturaleza. Es el terreno del autodiseño y la autoprogramación. A un lado asimismo se halla el transhumanismo y el empleo de la nanotecnología para extender la vida y optimarla. La zona de la ciencia ficción y de vanguardistas como Ray Kurzweil (quien presagia la llegada de la inteligencia inmortal poco tras el dos mil treinta. Necesariamente la zona de una nueva moral humana que defina el empleo de los nootrópicos en campos laborales o bien intelectuales y hasta qué punto el acceso a estas substancias (que seguramente se fusionarán con la nanotecnología) va a estar dictado por el capital económico o bien el poder militar. O bien para ciertos, desde la bioética y la religión, hasta qué punto es válido trastocar nuestras capacidades innatas si no sufrimos una enfermedad que necesite curarse.

De momento la posibilidad es real. En México, por servirnos de un ejemplo, es simple ir a cualquier farmacia y adquirir un arsenal de nootrópicos sin receta médica. Mas aunque en ciertos casos los resultados son indiscutibles (incluso con los estudios en un largo plazo incompletos), queda el interrogante individudal de qué tan inteligente es tomar drogas inteligentes.

¿Tomar o bien no tomar la pastilla? Esa es la cuestión que avizora en el laberinto del futuro de la psique humana.

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